martes, 1 de julio de 2008

La música triste de la marimba…




Desde que vivo en la capital de Guatemala, me he dado cuenta de la dificultad, que linda en la incapacidad que tienen los capitalinos de comprender a la gente que viene “del interior”, la amalgama de la metrópoli cobija entre sus redes a cientos de expresiones culturales, pero en el fondo todos sueñan con huir de todo y alejarse de la realidad.
La marimba es una de las más vilipendiadas en la capital, no importa que existan bailes de marimba casi todos los meses en hoteles o en Guatemala musical, de cualquier forma la marimba es vista con desprecio y la frase “hubo marimba” tiende a describir una fiesta aburrida, o “de la indiada”.
No soy nacionalista ni nada que se le parezca, sin embargo tengo una relación especial con la marimba, porque su sonido y sus características me colocan en el lugar de la tierra donde nací, aunque se oiga cursi.
Mi padre ha escuchado marimba siempre, y la radio con música de marimba eran el complemento perfecto para el almuerzo que tomaba corriendo porque tenía que volver al colegio. Eso en mis primeros años de colegio.
Cuando estaba en primer año básico, como no era muy atlética, acepté el reto que nos lanzó el maestro de educación física y me presenté al centro deportivo de Cobán, según yo, a jugar basket. Luego del consabido rechazo me dirigí al primer piso del edificio, donde había un grupo de niños con guitarras.
Ese fue el principio de dos años de rondalla, aprendí a tocar la mandolina y sacábamos todo el repertorio de marimba con instrumentos de cuerda pulsada, maracas, panderetas y castañuelas y hasta teníamos programa de radio en la municipalidad. Entre la música que aprendí están “la trece calle” que, increíblemente, es igual a la música que tocan en bob esponja, sin que nadie (que yo sepa) alegue por los derechos de autor.
La marimba se mantuvo tapada por 6 meses, luego de eso empezamos a pedir aprender a tocarla, los más pequeños usaban unas latas de leche para alcanzar el teclado. No voy a decir que lo hago bien, si mucho toco “linda Kelly” y el vibrato me sale pésimo, se necesitan manos de ángel para hacer vibrar las duras teclas de madera.
Pero aparte de tocarla, la marimba me huele a pino machucado, a bailes apretados y temblando, a fingir que no ves los ojos de tu compañero o a admirar a esa pareja que tiene 50 años de casados y se deslizan por la pista con la gracia de bailarines de tango, y ella parece flotar entre sus brazos.
También me recuerda meter el codo para que no te aprieten de más, las copas de champan y la mamá de la novia emborrachada y bailando o al borrachin del pueblo que intenta bailar “fiesta de pájaros” con una confundida señora que no encuentra como safarse de él.
Me suena a carreritas alrededor de la marimba, a travesuras, en fin, a fiesta.
Nunca la he escuchado triste, aún el son más calmado o el danzón apretado huelen a fiesta. Si bien no es tan alegre como el vallenato o tan rápida como el joropo o tan sensual como la cumbia. Mi marimba es como yo, tímida, apocada, india encadenada que no llora, pero que tampoco sabe como celebrar esa falsa libertad.
La marimba tiene la dignidad de Manuel Tot, encadenado.



5 comentarios:

.: arte-sano :. dijo...

Interesante observación, al igual que vos, la marimba es un sonido perpetuo en mi imaginación desde niño, por la mismas razones tuyas, mi papa escuchaba y aun escucha Chapinlandia por la tarde, en tgw, y se quedaron las notas en mi psique.
Esa impresión de que la marimba es triste creo que es una especie de mito creado por la migración interna, yo la relaciono con algo mas ameno, de fiesta, de movimiento, te contagia, se siente el vibrar en los huesos. No toco marimba, pero me encanta, y no soy 'viejo' desde niño siempre he escuchado marimba como escuchar clásica o rock o cumbia, es natural.
saludos

Patricia Cortez dijo...

gracias artesano, el considerarla triste es intentar alejar al "indio" que llevamos dentro.
gracias por la visita

Anónimo dijo...

jaja muy cierto lo del comentario anterior! q buen blog

Anónimo dijo...

Saludos.
Es la marimba un instrumento muy hermoso en realidad. Hay piezas que son vibrantes, como "Fiesta de Pájaros" de Jesús Castillo, y "Noche de Luna entre Ruinas" de Mariano Valverde, que son melodías hermosas Y también tenemos la suite del Paabanc, una auténtica joya de música prehispánica.
La marimba no es triste, lo que pasa es que como se dice comúnmente, la marimba es "del recuerdo", por que nos hace retroceder en el tiempo...(a los años 40s y 50s, la era de la radio AM, fiestas antiguas, actos protocolarios y teatrales, cadenas nacionales, domingos sin nada que hacer y todo eso, un pasado lejano...) asi que a veces estamos saturados del instrumento...
Pero la marimba no está estancada, puede evolucionar en muchos caminos (jazz por ejemplo), el sonido del árbol de hormigo y del tecomate ha llegado a la era digital. Asi que sigamos disfrutando también de la marimba doble en vivo y también de la marimba indígena.

Unknown dijo...

Yo naci y me crie en Miami, FL pero mi papi siempre tenia su marimba puesta en la casa. Creciendo en mis años de rebelion, no me gustaba, pero ahora que soy una mujer adulta, amo la marimba porque me hace recordar de esos tiempos alegres cuando mi mami y papi bailaban de cachete a cachete. Ahora que mi padre esta enfermo y nunca pudo regresar a Guate'... mas y mas anhelo la marimba. Siempre me hace llorar, sea de felicidad o tristeza, es una musica...unica.